
Alan Niven, ex-manager de Guns N’ Roses, ha presentado una demanda contra la banda pidiendo autorización judicial para que se publique su libro de memorias, Sound N’ Fury. Alega que la banda está invocando un acuerdo de confidencialidad firmado al salir del grupo en 1991 para bloquear la publicación, y que dicho pacto es inejecutable porque no fue firmado por todos los miembros, entre ellos Axl Rose.
Según los documentos presentados en tribunales estadounidenses el 3 de noviembre de 2025, Niven señala que la obra ya está lista, copias fueron impresas y están guardadas en un almacén, y que su lanzamiento ha sido aplazado por presiones de Guns N’ Roses y de su sello editorial. Él busca que se declare inválido el acuerdo, que la banda deje de obstaculizar la publicación y que se le compense por los perjuicios derivados del retraso.

La disputa se produce en un contexto más amplio: el libro no solo trata de su paso por la banda, sino de sus varias décadas en la industria, trabajando con artistas como Great White, Mötley Crüe o el primer punk británico. Así que, aunque el conflicto tiene como foco a Guns N’ Roses, sus raíces llegan más allá.
Este tipo de litigos plantea preguntas sobre derechos de autobiografía, acuerdos de confidencialidad antiguos y la tensión entre figuras que desean contar su propia historia y quienes buscan proteger la imagen de una entidad colectiva. Niven afirma que la banda y sus miembros ya habían hablado públicamente de él y de los hechos que ahora pretende relatar, lo que a su juicio invalida el acuerdo.
En cuanto a impacto, si el libro sale adelante, podría ofrecer una nueva mirada sobre una de las bandas más icónicas del rock. Si no, el caso enviará una señal sobre cuánto poder tienen los grupos musicales para controlar narrativas históricas. Niven apuesta por lo primero… y la industria, el público y los medios esperan el desenlace.