
Kate Middleton volvió a convertirse en el foco de atención durante el banquete de Estado celebrado en el Castillo de Windsor, donde hizo su aparición con una de las joyas más imponentes del tesoro real británico: la tiara de rubíes indios, una pieza tradicionalmente reservada para las reinas del Reino Unido.
Era la tercera ocasión en el año en que la princesa de Gales optaba por lucir una tiara, pero esta elección superó todas las expectativas. La pieza, famosa por su diseño majestuoso y por su conexión histórica con la reina Victoria, destacó como la joya central de su elegante atuendo. Su combinación con los pendientes que pertenecieron a la difunta reina Isabel II reforzó aún más el simbolismo de su look.
Además de estas piezas emblemáticas, Kate llevó consigo la Orden de la Familia Real y la estrella de la Orden Real Victoriana, distintivos que remarcan su papel cada vez más relevante dentro de la monarquía británica.
Con este estilismo, la princesa no solo rindió homenaje a figuras históricas de la Corona, sino que también consolidó una imagen regia, sofisticada y cargada de significado. Su presencia en el banquete reafirma su posición como una de las figuras más influyentes y admiradas dentro de la familia real.