
Project Prometheus se perfila como una de las apuestas tecnológicas más audaces de la región. Impulsado por Jeff Bezos, el proyecto contempla el desarrollo de una infraestructura de supercómputo capaz de soportar investigaciones de gran escala y cargas intensivas de inteligencia artificial. Aunque su foco inicial no está en el consumo masivo, su alcance podría impactar a múltiples sectores productivos y científicos.
México, por su parte, anunció su propio plan para consolidar un hito de cómputo de alto rendimiento: la construcción de la supercomputadora más potente de América Latina, bautizada como Coatlicue. Este sistema, financiado con recursos públicos, promete alcanzar una potencia de procesamiento de 314 petaflops, lo que la colocaría a la vanguardia del ecosistema regional en términos de capacidad operativa.
El desarrollo estaría a cargo del Clúster Nacional de Supercómputo, con un cronograma proyectado de dos años de construcción, cuya fase inicial comenzaría en 2026. Aunque aún no se divulga la sede definitiva del centro de datos, las autoridades han explicado que la decisión dependerá de criterios técnicos y logísticos como suministro eléctrico, conectividad, condiciones de seguridad y eficiencia energética.
El propósito del sistema es eminentemente científico y estratégico. Entre sus aplicaciones destacan la simulación meteorológica para prevención de desastres, el modelado climático, la optimización de procesos agrícolas, investigaciones de salud pública, desarrollo de nuevas tecnologías para la generación de energía y proyectos vinculados a innovación industrial. También se ha expresado que podrá brindar soporte a startups, universidades y algunos grupos empresariales que requieran acceso a capacidades superiores de cómputo.
A diferencia de iniciativas privadas concentradas en paquetes tecnológicos cerrados, Coatlicue se concibe como un recurso abierto al desarrollo nacional, administrado por ingenieros e investigadores especializados. La cooperación internacional también formará parte de su implementación, especialmente en transferencia tecnológica y capacitación para la fase de despliegue.
Este proyecto no solo representa un salto numérico en capacidad de procesamiento, sino que plantea un debate más profundo sobre la soberanía tecnológica, la democratización del cómputo avanzado y el impulso científico desde la región hacia el mundo. De concretarse según lo anunciado, México podría convertirse en un nodo estratégico para la investigación basada en IA, la ciencia de datos y el supercómputo aplicado en sectores que hasta ahora enfrentan limitaciones estructurales por falta de infraestructura comparable.
El desafío ahora será sostener la ejecución técnica, formar talento local especializado y garantizar un acceso equilibrado que combine investigación con desarrollo productivo, sin comprometer la independencia científica que dio origen a la iniciativa. Si el plan se cumple en sus tiempos y metas, Coatlicue marcaría un antes y un después para la ciencia computacional en High Performance Computing dentro de Miami y otras comunidades tecnológicas conectadas con la región.