
El Black Friday, una fecha que hoy simboliza descuentos, aglomeraciones y compras digitales a gran escala, no siempre tuvo el tono festivo y comercial con el que se le reconoce. Su historia ha transitado desde episodios de crisis económicas hasta convertirse en el hito que inaugura la temporada de consumo más intensa del año en Estados Unidos y gran parte del mundo.
La expresión apareció por primera vez en el siglo XIX, usada por analistas para describir el colapso del mercado del oro en 1869, un evento que marcó la economía estadounidense. Décadas después, en Filadelfia, policías y medios de comunicación retomaron el término para narrar el desorden urbano que generaban las multitudes tras el Día de Acción de Gracias: tráfico colapsado, aceras saturadas y una ciudad operando al borde del agotamiento logístico. De allí inició su asociación con un “viernes negro”, no por tragedia, sino por el impacto social que provocaba la concentración masiva de personas.
Hoy, sin embargo, ya no evoca oscuridad, sino el color que adoptan las cuentas del comercio cuando pasan de números rojos a ganancias. Desde mediados del siglo XX, las tiendas formalizaron la fecha como el día clave de rebajas para atraer compradores antes de Navidad, consolidándola como uno de los mayores movimientos comerciales del calendario anual.
Panorama actual en 2025: expectativas, euforia y prudencia
Este año, la jornada se percibe como un evento de dos ritmos: tiendas físicas con una afluencia extraordinaria desde la madrugada y consumidores digitales generando picos de tráfico histórico en plataformas de comercio online. Filas en centros comerciales y establecimientos emblemáticos se reportan desde la víspera, una imagen que se repite en múltiples ciudades del país y confirma que, incluso en tiempos de dominancia digital, la experiencia presencial sigue siendo un ritual para miles de compradores.
Aun así, a diferencia de otros años, los analistas señalan un cambio en el comportamiento del consumidor: el público está comprando de forma más selectiva, priorizando productos concretos sobre el impulso. Factores como la inflación, costos de importación y la conversación en torno a aranceles han obligado a los comercios a comenzar las ofertas con anticipación —en muchos casos desde el inicio de la semana—, pero esas rebajas no siempre representan la caída más drástica del año en todos los rubros.
Categorías estrellas y el auge definitivo de lo digital
Los descuentos más atractivos suelen concentrarse en tecnología, televisores, accesorios, auriculares, electrodomésticos premium y productos vinculados con el bienestar del hogar como colchones y sistemas de descanso. Las grandes cadenas, marketplaces y tiendas departamentales refuerzan estos departamentos durante los días de mayor demanda.
Plataformas de comercio online lideran la conversación este 2025, facilitando compras sin largas horas de espera y con envíos que se han vuelto el verdadero diferenciador frente a la oferta física. Muchas marcas han extendido sus promociones más allá del viernes, convirtiendo esta fecha ya no en un día, sino en una temporada concentrada de rebajas.
La expansión global: un fenómeno que ya no conoce fronteras
Aunque nació en Estados Unidos, Black Friday se ha convertido en un patrón cultural de consumo en distintos países de América Latina, Europa y Asia, adoptando sellos propios y estrategias comerciales locales que se alinean al flujo global de ventas. Algunos países han reinterpretado la fecha con campañas nacionales de descuentos que conviven al mismo tiempo que la tradición estadounidense, potenciando la economía del retail regional.
¿Rebajas reales o ansiedad de temporada?
El Black Friday 2025 no es solo una fecha de ofertas: es una radiografía del comportamiento social, comercial y digital de una era donde la euforia convive con el escepticismo. Las horas de cola, la búsqueda de descuentos y la migración a lo online indican que esta tradición continúa transformándose, pero su esencia sigue intacta: es el punto de partida de las compras festivas del año.
La clave para sacar provecho no está en comprar más, sino en comprar mejor: comparar precios, verificar políticas de devolución y evaluar la necesidad real antes de tomar cualquier decisión. Porque el mejor descuento no es el más ruidoso, sino el que realmente genera ahorro sin dejar arrepentimientos.