Artistas retiran su música de Spotify y descubren imitaciones creadas con IA ocupando su lugar

Una nueva controversia sacude al sector del streaming musical: varios artistas que decidieron retirar sus obras de Spotify en señal de desacuerdo con las políticas tecnológicas de la plataforma han encontrado, para su sorpresa, que sus canciones fueron reemplazadas por copias generadas con inteligencia artificial. El caso más visible es el de la reconocida banda australiana King Gizzard & the Lizard Wizard.

A mediados de 2025, el grupo anunció que retiraría toda su discografía de Spotify como acto de protesta, argumentando inquietudes sobre el uso y el futuro de la IA dentro de la industria musical. Tras la salida voluntaria de su catálogo, los seguidores notaron que el espacio que antes ocupaba la banda fue llenado por un perfil apócrifo con un nombre muy similar.

Lo llamativo del caso es que este perfil subió composiciones creadas mediante inteligencia artificial que intentaban replicar el estilo del grupo, imitando en algunos casos la estética de sus álbumes y tomando estructuras sonoras que recordaban a su trabajo real. Estas canciones artificiales llegaron incluso a aparecer en listas de reproducción personalizadas antes de que la plataforma las eliminara por violar normas internas relacionadas con la suplantación de identidad.

Spotify explicó que el contenido no autorizado fue removido rápidamente, y aseguró que ningún pago por regalías fue procesado para esas pistas. La empresa reiteró que mantiene políticas para evitar este tipo de prácticas y que está reforzando sus sistemas de detección de material generado de forma no autorizada.

Sin embargo, el incidente expone un desafío creciente: la facilidad con la que la IA puede imitar voces, estilos y hasta identidades completas de artistas reconocidos. Para muchos músicos, este episodio no solo confirma sus preocupaciones, sino que también enciende el debate sobre cómo deben blindarse los derechos creativos en un entorno donde la tecnología avanza más rápido que la regulación.

Este suceso, que comenzó como una protesta legítima de los artistas, terminó dejando al descubierto un problema mayor: la capacidad de las plataformas para controlar la proliferación de imitaciones digitales y proteger la autenticidad de los catálogos musicales que alojan.

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