
Lo que comenzó como una ruptura anunciada con tono amistoso terminó siendo uno de los procesos de separación más prolongados de Hollywood. Channing Tatum y Jenna Dewan, considerados durante años como una pareja icónica de la industria del entretenimiento, concluyeron jurídicamente su vínculo en 2024, pero el verdadero desafío para cerrar el caso fue resolver el entramado financiero que los mantuvo en litigio desde 2018.
El punto más delicado de la negociación no fue un bien físico, sino una propiedad creativa: el universo que rodea a la franquicia *Magic Mike*, proyecto que catapultó a Tatum como productor y figura multifacética del espectáculo. El equipo legal de Dewan argumentó que la actriz debía acceder a una parte proporcional de los ingresos derivados de ese concepto, al considerar que el desarrollo de la idea coincidió con los años del matrimonio, período en el que —según su versión— se forjaron acuerdos tácitos y contribuciones conjuntas.
Sin embargo, tras múltiples requerimientos para transparentar las cuentas, ambas partes aceptaron darle un giro pragmático a la resolución. Los ingresos relacionados con la marca no se sometieron a una disputa eterna; en cambio, se priorizó una distribución clara de los beneficios acumulados en planes de pensión gestionados por el sindicato de actores (SAG), generados durante los nueve años de convivencia formal. La decisión fue aplicar un criterio equitativo: cada uno recibiría exactamente la mitad de esos derechos laborales provenientes del tiempo que compartieron como matrimonio.
La confrontación tuvo matices que avivaron el interés mediático: representantes de Dewan alegaron que ciertos movimientos corporativos —como cesiones de licencias o registros a través de terceros— complicaron la obtención de información financiera. La defensa de Tatum desestimó dichas versiones y aseguró que las operaciones estuvieron enmarcadas en la normativa vigente y obedecieron a esquemas comunes en producciones de alto rendimiento comercial.
En paralelo a la discusión patrimonial, Tatum y Dewan apostaron por mantener intacto su rol como padres de Everly, hija nacida en 2013. Los acuerdos de crianza establecieron un marco de corresponsabilidad, mientras que los aspectos vinculados a manutención se manejan bajo estricta confidencialidad, con intervención judicial solo en casos indispensables.
Con este último ajuste económico, la ex pareja pone fin a una etapa de incertidumbre legal, marcando un precedente sobre cómo las ideas convertidas en franquicias pueden transformar —y eventualmente tensionar— la narrativa financiera de un divorcio. Más que hablar de vencedores o vencidos, el cierre apunta a la funcionalidad: preservar el bienestar familiar y evitar fricciones futuras que afecten su vida fuera de los tribunales.