
El certamen de Miss Universo 2025, celebrado en Bangkok, se ha visto envuelto en una controversia inesperada. El músico y empresario franco-libanés Omar Harfouch, quien había sido anunciado como parte del jurado oficial, presentó su renuncia pública tras denunciar supuestas irregularidades en el proceso de selección de las semifinalistas.
A través de un comunicado en redes sociales, Harfouch aseguró que un grupo paralelo habría elegido previamente a las 30 finalistas de entre las 136 candidatas, sin participación de los jueces oficiales. Según sus palabras, este procedimiento involucró a personas vinculadas a organizaciones nacionales, lo que constituiría un conflicto de intereses. “No puedo legitimar un proceso en el que nunca participé”, señaló, calificando el concurso como una “farsa”.
El empresario incluso insinuó que podría emprender acciones legales contra la Miss Universe Organization (MUO), al considerar que el proceso careció de transparencia y afectó la credibilidad del certamen.
La MUO reaccionó rápidamente, negando categóricamente las acusaciones y defendiendo la legitimidad del concurso. En un comunicado, la organización aseguró que no existe ningún jurado paralelo y que la selección de las candidatas se realiza bajo estrictos criterios de imparcialidad. “El comité de selección oficial es el único encargado de evaluar a las participantes”, afirmaron.
La renuncia de Harfouch se suma a otras tensiones que han marcado esta edición. Horas después, el exfutbolista francés Claude Makélélé, también miembro del jurado, anunció su salida, aumentando la presión sobre la organización y generando dudas sobre la transparencia del concurso.
Miss Universo, considerado el concurso de belleza más importante del mundo, enfrenta ahora un desafío de reputación. La polémica pone en tela de juicio la transparencia de sus procesos y abre el debate sobre la influencia de intereses externos en un evento que busca celebrar la diversidad y el talento femenino.
La renuncia de Omar Harfouch y sus acusaciones de falta de transparencia han encendido un debate global sobre la credibilidad de Miss Universo. Mientras la organización defiende su legitimidad, el escándalo deja en evidencia la necesidad de reforzar la confianza en un certamen que, más allá de la belleza, debe garantizar justicia y transparencia.
